FRAGMENTO "ELIGE MI DESTINO" (RELATO ERÓTICO)

La conversación comenzó de una manera tímida y discreta, pero a medida que el vino iba bajando, Carla parecía ir relajándose y olvidándose de aquellas emociones que tanto la revolvieron por un momento.

El efecto del vino parecía que hacía efecto, hasta el punto de que Carla se puso en pie frente al joven y comenzó a bailar sensualmente.

Víctor estaba algo extrañado, ya que era la primera vez que veía a Carla de una manera natural, sin ese control sobre su persona que tanto la caracterizaba. Era la primera vez que sentía que Carla se estaba dejando llevar, sin presiones, sin ataduras. Veía a Carla feliz y libre.

La joven seguía bailando frente a él. Se descalzó de aquellos altos tacones negros, y comenzó a dar vueltas por el salón.

Se acercó nuevamente al joven y colocó una pierna justo en sus rodillas, y comenzó a bajar una de sus medias, dejándolas en su delgado tobillo. Con un gesto insinuante, señaló al joven para que se la quitara. Víctor pudo acariciar la suave piel de la chica. Comenzó a acariciar su pierna, sin perder de vista los ojos brillantes de Carla.

Subió la otra pierna, pero esta vez la colocó en el entre piernas del joven suavemente. Realizo la misma operación. Bajó su media hasta el tobillo, e invitó al joven a desnudar su pierna. Justo cuando Víctor intentó acariciar su muslo, Carla le dio un pequeño golpe en el pecho con la pierna, recostando a Víctor en el amplio sofá.

Allí estaba él, con su musa frente.

Carla se puso de espaldas y se sentó en el regazo de Víctor. Reclinó su cabellera a un lado, e invitó al joven a bajar la cremallera de su vestido negro. Los tirantes se deslizaron por sus hombros.

Agarró las manos del joven y las puso en sus pechos con firmeza. Víctor pegó su pecho a la espalda de la joven, y comenzó a masajear los pechos con mucha delicadeza, pero pasión. La respiración de Víctor comenzó a agitarse. La situación le estaba torturando, pero a la vez era una excitación sublime.

Sin previo aviso, Carla se levantó y dejó caer el vestido al suelo. Terminó de espaldas quitándose la lencería y se dio la vuelta para que su espectador la pudiera contemplar entera.

Víctor hizo el amago de levantarse del sofá, pero Carla con un gesto le ordenó a quedarse quieto y observarla sin poder tocarla. Ese juego estaba enfermando al joven, el deseo iba en aumento.

 

Lentamente Carla se acercó al joven y comenzó a quitarle los pantalones. Dejó rápidamente desnudo a aquella maravilla de hombre que tenía frente a ella. Subió una rodilla al sofá lentamente, y a continuación subió la otra. Estaba sentada encima de Víctor. Podía sentir su miembro rígido por su muslo. Pero le parecía poca tortura, y comenzó a balancearse sobre él, rozando los cuerpos, a la vez que comenzó a besarlo con frenesí.

Víctor no aguantaba aquella dulce condena. Agarró su miembro y lo introdujo dentro de Carla que sabía que lo deseaba con la misma intensidad que lo hacía él.

En ese mismo segundo, salió de los labios de Carla un quejido, un gemido, un suspiro. Máxima expresión de toda aquella pasión y deseo de aquellos cuerpos. La espalda de la joven se arqueó sintiendo un orgasmo de inmediato. Jamás había sentido algo así, con tan solo sentirlo dentro de ella, con tan solo sentir el calor de su miembro dentro pudo alcanzar el nirvana.

 

Víctor agarró la cara de la joven y comenzó a besarla con frenesí… Ver a la joven retorcerse de placer había sido una imagen estremecedora para todos sus sentidos.

Agarró la cintura de la joven y la comenzó a zarandear, a presionar con fuerzas contra él, con una fuerza casi descontrolada y frenesí. Necesitaba sentirla con esa locura y ese fuego que desprendía en aquel momento. Aquella imagen de Carla enloqueció por completo a Víctor, que en cuestión de minutos pudo correrse dentro de ella ansioso de lujuria.

 

Jamás ninguno de los dos había podido sentir tanta intensidad en unos escasos minutos. Esa conexión, esa electricidad, esas vibraciones que les dejaron sin aliento en un corto periodo de tiempo.

Unas gotas de sudor frío recorrían la espalda de la joven. Dejó caer su cuerpo, contra el torso de Víctor. Aun sin respiración ni capacidad de reacción, ambos permanecieron unos minutos piel contra piel.

Cuando Víctor pudo coger resuello, levantó en peso a la joven y se la llevó en brazos a la cama, dónde la dejó descansar al otro lado de la cama, mientras le acariciaba el pelo y la contemplaba como dormía.

 

LES QUIERO CON MUCHO HUMOR

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