MARINERO EL PASADO YA NO DUELE

Allí estaba yo, sentada mirando al mar. Mirada perdida en el horizonte, cabizbaja y pensativa...

No, no soy marinera. Pero esta podría ser la historia de una lucha constante, una metáfora entre el mar bravo y un barco que intenta llegar a un destino muy ansiado. Puede ser la vivencia de un marinero en la soledad de la noche, luchando contra viento y marea para llegar a puerto sano y salvo. Podría ser la historia de un viejo capitán de barco, que tras cada golpe de mar se sobrepone para encontrar un resquicio de calma contra las inclemencias del tiempo. O quizás podría ser la historia de un veterano de mar asustado en un puerto vacío. Podría ser la historia…, pero no lo es. Es simplemente mi historia, o tu historia. Una historia como otra cualquiera.

Una historia sin final feliz, pero sin final… porque los finales felices solo están en los cuentos, y esto no es un cuento, es mi historia, es tu historia, una historia como otra cualquiera.


Tras años de vivencias, unas más duras que otras, todas al fin y al cabo positivas.

¡Qué osadía la mía! Vivencias marcadas por el dolor, pero con el optimismo suficiente para verle el lado positivo a cada una de ellas. Vivencias que marcan, que dejan huellas y cicatrices. De esas cicatrices que todos tenemos, que las miras y revives cada emoción.

Cicatrices que a simple vista están selladas, pero inevitablemente siguen ahí. Pero mi osadía consiste en mirar cada una de las huellas del pasado. Es el puro morbo de pasar la mano por cada una de ellas, de admirarlas. Mi osadía consiste en acariciarlas casi con vanidad, rozar cada una de las heridas y decir… ¡ya no duele, aunque te sienta! Soy quien soy, y eres quien eres, gracias a todo lo vivido, lo bueno y lo malo. Soy lo que soy, eres todo lo que eres, por la suma de todo el pasado, doloroso o alegre. Emocionalmente positivo o no, somos el resultado de todas nuestras mutilaciones.


Esta es mi historia, o esta es tu historia, como otra cualquiera, pero ya no duele.


Vivencias que marcan hoy y siempre. Micro historias que nos definen, que nos describen en un personaje que no decidimos ser, pero sí decidimos cómo afrontarlo.

Ahora estamos aquí, acariciando cada una de las cicatrices, contemplándolas una a una. Casi con resquemor, pero ya no duelen.


Es inevitable enfrentarse a situaciones y momentos que nos mareen. Vivencias que aten con una cuerda nuestro destino a un pantalán, por miedo a naufragar, por miedo al dolor, al daño o al sufrimiento. Pero... ¿No es más doloroso, estar anclado en un puerto toda nuestra vida, debido al miedo? ¿No es más estúpido, vivir sujeto a tierra firme por miedo a una nueva tormenta? ¿No es más mortal, que no permitirnos vivir? ¿No es más letal, que no tengamos la valentía suficiente para romper las cuerdas que nos imposibilitan un nuevo viaje?


Es el momento de no tener miedos, porque ya la tormenta pasó. Porque a partir de ahora lucirá el sol. Porque en cada batalla que aconteció, pudiste ganar, a pesar de llorar, a pesar de sufrir o aguantar ese sentimiento desgarrador, ganamos la batalla.

Es el momento de avanzar, de luchar y seguir con más fuerza que nunca. Es el momento de mirar atrás y decir, ¡ya está, ya no duele!

Es el momento de soltar amarres y zarpar.


Recuerda Cupider@ que todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo.


LES QUIERO CON MUCHO HUMOR
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