MENSAJE A MEDIA NOCHE


Eran pasadas las 23:00 h cuando recibí aquel mensaje. Todos sabemos que los mensajes a media noche no traen nada nuevo… o sí. Aun sabiendo que no era conveniente atender aquella solicitud, era casi imposible descartar algo así.

 

Pasaban algunos minutos de la media noche cuando él cruzó el umbral de mi puerta. Dispuesto, preparado para una noche más o quien sabe, una noche menos. Sea como sea, yo estaba dispuesta a encadenarme a una tortura explícita.

Solo bastaron un par de copas de vino para que la ropa cayera al suelo. Sin muchos amagos ni miramientos. Sus dedos ardían sobre mi espalda. Su lengua jugueteaba con la mía, mientras su mirada me encarcelaba a su cuerpo. Ya no tenía excusas ni escapatoria. Ya era su rehén.

Sus besos eran cálidos, como siempre. Sus besos eran de esos eternos, interminables. Besos que dejan huella. Sus besos eran húmedos, de esos besos que atan. Besos perennes.

Sus manos se enredaban entre mi melena, sujetando mi cuerpo junto a él, sin escapatoria ¡Yo no quería huir! Allí estaba inmóvil.

Las yemas de sus manos era mi pena. Recorría a su antojo todo mi cuerpo desnudo.

Me dejó caer sobre la cama sin dejar de mirarme. Sabía a la perfección lo que necesitaba, y lo usaba en mi contra. Abrió mis piernas con delicadeza e introdujo su cabeza entre ellas. Se sumergió por completo entre ellas, otorgándome la humedad que tanto ansiaba. Mi respiración se entrecortaba. Los jadeos eran nuestro lenguaje que sólo los locos entendíamos.

Sin previo aviso se recostó sobre mi cuerpo tembloroso. Mi cuerpo yacía sin sentido común en mi lecho. Tomó un suspiro de aire y se introdujo en mí. Todo mi cuerpo de estremeció con aquella tórrida sacudida de pasión.

Los vaivenes de sus caderas me enloquecían al compás de castigo. Sentía su respiración agitarse rápidamente. Aquel sonido era música para mis oídos. No necesitaba más que escuchar aquellos gemidos para irme junto a él.

Los cuerpos desnudos quedaron casi inertes tras una sacudida de frenesí ilógico. Desde la cama y aún con el cuerpo caliente contemplaba el amanecer que se anunciaba por la ventana, mientras me juraba una y otra vez que no contestaría a otro mensaje de él a media noche… hasta el próximo.

 

LES QUIERO CON MUCHO HUMOR
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