¿QUIÉN NOS CURA EL ALMA?


Si sufrimos de alergia, nos sanará el alergólogo. Si nuestro problema es de corazón, de ello se encargará el cardiólogo. Si por el contrario nuestras dolencias son de huesos, acudiremos al traumatólogo. Con las afecciones de la piel acudimos al dermatólogo. Y si, por el contrario, tenemos que ordenar nuestras ideas, pensamientos y emociones acudimos al psicólogo. 


¿Qué pasa cuando nos duele el alma? ¿Qué especialista nos alivia el dolor de nuestra esencia? ¿Qué tratamiento existe para solventar el daño del alma?



Hay veces que el dolor es tan grande que no vemos salida, no encontramos solución que calme ese mal.

Tenemos especialistas de todo tipo, que van desde la medicina tradicional a técnicas más alternativas. Todas encargadas de aliviar los daños del cuerpo. Es cierto que necesitamos una buena salud para mantenernos vivos “mens sana in corpore sano”.

La mayoría de las religiones manifiestan la permanencia de las almas tras la muerte, dándole una mayor importancia a las mismas. Pero luego parece que nadie nos preocupamos de cuidar nuestra esencia. De velar por el bienestar de nuestra alma.

 

Cuando me refiero a alma, no hablo de una forma mística, ni de algo en relación con la metafísica. Hablo de nuestro interior más íntimo. Cuidar, mimar, conocer y adentrarnos en nuestro “Yo” más profundo. Poder acudir a un “almologo” que nos ayude a sanar los males de nuestra alma. Poder curar las heridas que rasgan nuestro ser, que nos impide una vida planea y sana. Tenemos que atender este espacio de nuestra vida para ser inmensamente felices obviando todo lo externo.


¿Crees que se puede ser feliz siendo pobre o con una vida cargada de problemas?



Sería de hipócrita decir que nuestro entorno no favorece a un mejor desarrollo de nuestra persona. Que incluso, lo material puede contribuir a ser felices. Pero ¿En qué medida podemos depender de lo externo para alcanzar la felicidad? 


Podemos ser inmensamente ricos, con muchos bienes materiales que, si nuestra alma es pobre, de nada nos servirá.


Alcanzar el bienestar y nuestra propia felicidad no depende ni de lo material, ni de las circunstancias externas. Simplemente dependerá de nosotros, de la capacidad que tengamos para focalizar y encajar nuestras circunstancias. Pero nada de esto nos lo enseñan en el colegio, y tampoco tenemos un “almologo” que nos ayude a sanar y reparar estos daños y golpes de la vida. Es la propia vida y el tiempo el que nos va marcando esas enseñanzas, y podremos pasarnos una vida entera buscando la clave eterna de la felicidad. Corrompidos por una sociedad que nos enseñan vidas perfectas, viajes perfectos, casas perfectas, ropa perfecta… y sin poder alcanzar todo eso que se “debe” tener vamos a ser unos desgraciados e infelices.

 

Aprende a focalizar, a discernir y, sobre todo, valora los aspectos positivos que tienes en TU VIDA. No es fácil y será una ardua tarea, pero jamás será imposible.


LES QUIERO CON MUCHO HUMOR

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