TENGO ALMA DE PUTA

Tengo un alma de puta ¡De muy puta! ¡De putón!

 

Cuando hablamos del oficio más antiguo nos podemos imaginar la venta de nuestro cuerpo o incluso actitudes promiscuas como vulgarmente se nombra en la calle. Un tema bastante delicado que no quisiera entrar a hacer juicios de valor (de momento). La prostitución implica ciertos riesgos que quizás todos podamos ver o entender. Hablamos de la vulnerabilidad de vendernos.

Si fuéramos a desglosar el término “puta/prostitución” sería algo tan simple como entregar nuestro cuerpo a cambio de un bien material ¡Cuánto me suena! ¿Acaso todos nos somos muy PUTAS? ¿Tú no eres una puta o puto?

Pero el hecho de que nos paguen ¿Otorga el derecho a que hagan con nosotros lo que quieran?

 

Quizás esperabas que realizara una profunda reflexión sobre la prostitución, o quizás no. Pero simplemente quiero usarla como comparativa o símil de la sociedad actual en la que vivimos. Reflexionar sobre los estilos de vida de nuestra sociedad actual. Pensar sobre los valores con los que vivimos. Quizás visto desde esta otra perspectiva, mucha gente pueda entender que TODXS somos muy putas (y con todos mis respecto a las putas).

 

Esperamos siempre algo a cambio ¡Siempre, siempre, siempre!


Somos esclavos de una sociedad corrompida por el dominio. Siervos que acatan normas a cambio de un puñado de monedas. Vendemos nuestra inteligencia, nuestro tiempo, esfuerzo físico y mental por dinero ¡que putas somos!

 

Pero realmente somos mucho más putas cuando nos referimos al plano emocional. Hablamos de altruismo, de bondad, de donar, regalar… Pero el altruismo no existe. ¡Todo es una puta mentira! Todos damos, esperando siempre algo a cambio. ¿Acaso la sensación de gratificación de ayudar a los demás no es un premio en sí? Cuando damos y entregamos quieras o no, recibimos y lo sabemos. Recoger el fruto de nuestra entrega, ya sea en autoestima, en amor, en gratitud es la moneda de cambio de ese altruismo que presumimos.

 

Perdemos de vista en la mayoría de las veces que todo acto en sí tiene un precio, que todo lo que entregamos, sea bueno o malo, nos viene con una carta de acuse de recibo.

Vivimos sin tener una clara percepción de la consciencia en sí. La percepción es mucho más importante que el cuerpo, que la emoción e incluso que la mente. Percibir y ser consciente de nuestros actos a un nivel mucho más interno.

Quizás es un término complejo de entender y comprender. Ser consciente de nuestros actos, va más allá de una emoción, una sensación corporal o pensamiento.

Teniendo consciencia de uno mismo, será mucho más sencillo VIVIR. Nos ayudará a percibir el mundo exterior y canalizarlo en nuestro interior de una manera más eficaz y óptima. Podremos darnos cuenta de esas cosas que solemos pasar por alto en el día a día, entender los porqués y lo más importante el auto conocimiento.

Teniendo un conocimiento de nosotros mismos, podremos responder a muchas preguntas ¿Por qué hago esto? ¿Para qué? ¿Qué finalidad? ¿A dónde quiero llegar? ¿A qué precio?

 

Personalmente, he sido consciente de que tengo un alma muy puta. Que todo lo que doy, toda mi entrega tiene un precio, tiene un valor y quiero dar, quiero dar mucho, pero a cambio quiero recibir mucho.

Quiero dar mucho amor y recibir mucho amor.

Quiero dar muchos momentos de felicidad a mis seres queridos, pero también quiero que me los den.

Quiero entregarme en cuerpo y alma, pero también quiero que se entreguen a mí.

 

Todo esto es porque tengo alma de puta, de muy puta. Y tú ¿Tienes alma de puta?


LES QUIERO CON MUCHO HUMOR

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